Si no importan las guerras, si no importa la deuda, si no importa el derecho internacional, si no importa la pobreza, si los recursos baratos están casi agotados, ¿en qué mundo vivimos?
Esto solo es una reflexión en voz alta, un lamento o un quejido de algo que ya no tiene solución ...
Es curioso que un paseo por los foros siempre deje como conclusión la sensación de que nunca pasa nada.
A mi me sucede lo contrario.
El mundo en el que nací era radicalmente distinto a este. O quizás solo sea añoranza de una juventud que todo lo puede ...
El crecimiento económico estaba basado en la productividad, no en la deuda. La gente se podía comprar una casa con un sueldo. Las guerras eran malas y siempre estaban presentes con el rechazo de la calle, en multitudinarias manifestaciones en contra de la guerra. El derecho internacional se respetaba o al menos se disimulaba respetar. Había abundancia de recursos y los precios eran bajos. La calidad de vida mejoraba y el estado del bienestar no hacía sino crecer, mejorando año tras año. Había crisis económicas, pero se superaban con relativa facilidad. El trabajo y la vivienda eran accesibles.
Para no pasar nunca nada, el mundo actual no tiene nada que ver con lo que ocurría hace unas décadas.
Sí, tenemos internet, tenemos IA, tenemos coches espectaculares y algunos tienen trabajo, pero el acceso a la vivienda ha dejado de ser fácil, todo lo contrario. El trabajo existe, pero la pérdida de poder adquisitivo es bastante grande, como consecuencia de las subidas de precios de la cesta de la compra en una proporción superior a los aumentos salariales. Una familia normal, tiene dificultades para llegar a fin de mes o hacer un gasto extraordinario.
La deuda ha crecido tanto que ya se empieza a dudar del mantenimiento del estado del bienestar. Los políticos no dan la talla, siempre pensando en su propio beneficio y el largo plazo ha pasado a ser una figura que se lee en los libros de historia. Eso los políticos "normales", los "otros" se dedican a invadir o atacar países, porque los recursos escasean y es necesario asegurar el futuro. Se bombardea sin piedad, se hunden barcos, se atacan infraestructuras, se bloquea el tráfico marítimo, se destruyen refinerías, y sí, muere mucha gente, quedan secuelas en los heridos, hay migraciones huyendo de la guerra, hay una desintegración social en toda África, foco permanente de las guerrillas por el poder.
Algunos dirán que esto ya existía en el pasado y es verdad, pero ahora el país más poderoso de la Tierra ha declarado que el vencedor se lo queda todo y los dirigentes de la OTAN van advirtiendo por todas las esquinas que nos preparemos para la guerra. De momento, ya existe un plan de fuerte rearme , con el mensaje explicito de que serán necesarios sacrificios para alcanzar el grado necesario para mantener una guerra mundial contra un enemigo con una potencia nuclear capaz de devastar el planeta entero. Nuestros políticos ignoran esa posibilidad, como si fuera algo tan remoto que es imposible que pueda suceder, aunque el contrario pierda la guerra y se vea obligado a rendirse.
Tampoco es una novedad atacar un país (Venezuela) para quedarse con sus riquezas naturales, específicamente el petróleo. Y amenazar a otro , relacionado con la mismísima Unión Europea, como es Groenlandia, hasta que finalmente ceda y permita no solo la instalación de nuevas bases militares, sino la incorporación de nuevos pozos exploratorios , para extraer el petróleo que se cree está situado bajo los hielos.
Al mismo tiempo, se ataca un país como Irán, para controlar todo la zona de Oriente Medio con las mayores reservas de petróleo y gas del mundo. La excusa esta vez es la posesión de instalaciones capaces de conseguir la bomba nuclear, instalaciones por otro lado, atacadas hace poco más de un año y completamente destruidas según la versión oficial. Por lo tanto, están persiguiendo un objetivo ya conseguido o simplemente buscando una excusa conveniente para eludir el escrutinio crítico con la campaña militar.
El resultado no ha sido el mejor. Tenemos petróleo muy caro, diésel más caro todavía, keroseno en franca escasez, liberación de reservas estratégicas para evitar el desabastecimiento y como consecuencia en forma de daño colateral, una alta inflación que ha elevado los tipos de interés y puesto contra las cuerdas los presupuestos nacionales, por los grandes gastos financieros, combinación de una enorme deuda y unos tipos de interés demasiado altos.
Somos 8.300 millones de personas, con un índice de fecundidad en franca regresión. Estamos envejeciendo como sociedad y en Occidente, eso quiere decir que en pocos años, los sistemas que mantienen el pago de las pensiones van a tener que ser financiados por unos presupuestos exhaustos, porque la población activa está creciendo de forma mucho menor que el número de pensionistas y el ratio de cotizantes por pensionistas se está desplomando. Si no crecemos, el sistema capitalista muere, porque la ventas dependen del número de compradores potenciales y si crecemos, no hay suficientes recursos para mantener el crecimiento (bueno, si no crecemos tampoco, pero es que si crecemos todo va mucho más deprisa).
La situación ya se ha desbordado y como se suele decir, el punto de no retorno ya lo pasamos hace años. Estamos apurando el último sorbo, usando la deuda como garantía, una deuda que ya no se piensa pagar. Hemos gastado los recursos que les correspondían a nuestros hijos, en una causa pérdida. Tratar de mantener el nivel de vida se ha convertido en la obsesión y estamos viviendo una meseta catabólica, consumiendo recursos cada vez más caros y difíciles de extraer, porque la alternativa es una crisis existencial y un decrecimiento forzado. Así, entre elegir el decrecimiento ordenado o el mantenimiento perpetuo, elegimos la estabilidad y tendremos el colapso, cuando en el proceso irreversible que ya padecemos, entremos en el periodo de la caquexia financiera y fagocitemos absolutamente todo recurso al que podamos acceder, cueste lo que cueste. Pero en un planeta de recursos finitos, todo llega a su fin e incluso antes de llegar a ese final, el acantilado Séneca nos alcanzará. Y entonces ni milagros de los BC, ni creación de dinero de la nada, ni políticas populistas podrán salvarnos, porque no habrá nada que extraer en las cantidades suficientes para mantener el sistema.
El resultado, tarde unos años (muchos o pocos), ya lo conocemos. Hemos consumido el suelo bajo nuestros pies y como el coyote, estamos a punto de correr en el vacío. Unos "segundos" en el aire, donde parece que "no pasa nada" y a continuación ese fatídico desplome que tantas veces hemos visto.
En realidad, la deriva social, política, económica, energética y geológica que estamos evidenciando es el proceso natural que sigue a una sociedad madura que ha agotado los recursos baratos y tras un breve periodo histórico de resistencia numantina al colapso, termina por derrumbarse estrepitosamente.
Este es el mundo que ahora "disfrutamos" y por supuesto no es culpa de nadie, sino algo inherente a la naturaleza humana. Lo que pasa es que nadie quiere vivir en los "últimos días de Pompeya".
Los esfuerzos por evitar ese agotamiento, están llenos de buena voluntad, pero son relativamente inútiles. La transición energética nunca puede sustituir los combustibles fósiles, cuando necesitan de estos para desarrollar toda la infraestructura, extracción , refino, construcción y transporte de las nuevas fuentes de energía. Puesto que el consumo mundial necesario para mantener el sistema funcionando es descomunal, la transición solo funciona como parte de una expansión energética, donde todas las fuentes son imprescindibles.
Quizás podríamos sobrevivir como una sociedad más pequeña o más eficiente o ambas cosas, pero muchos no están de acuerdo con esto y quieren apoderarse de los escasos recursos, para mantener una supremacía que, en definitiva, solo les permitirá administrar la miseria. Pero nadie les va a convencer, con lo que las guerras por los recursos siempre han sido inevitables y da igual el color y la personalidad política que gobierne. Da miedo escuchar declaraciones como ésta, de hoy 17 de Octubre de 2026.
"El general Sir Roly Walker, jefe del Ejército de Reino Unido, afirmó que el país deberá prepararse para una “conversación franca” sobre los riesgos para la seguridad nacional y la posibilidad de que las Fuerzas Armadas tengan que combatir en una guerra. Walker pronunció el discurso en la guarnición de Catterick, ante los 700 soldados de la 1.ª División, como recoge Force News. El jefe militar se dirigió a los soldados para anticipar que necesitarán respaldo político y social si se les ordena intervenir en un conflicto."
Desde la lejanía de los estamentos militares, da la impresión (espero que falsa) de una decisión ya tomada. Y este punto nos introduce en una especie de III Guerra Mundial, de consecuencias nefastas, gane quien gane.
Nos queda recorrer la peor parte de nuestra vetusta civilización y la calidad de vida irá a peor en varias fases. El primer golpe puede suponer un escalón muy grande para que muchos lo soporten, acostumbrados a la "buena vida". Habrá que superar este primer escalón brutal, y luego lo lógico será un progresivo empeoramiento persistente, en las próximas décadas.
Algo que siempre pasa desapercibido es la increíble complejidad que hemos construido para seguir progresando mientras crecíamos. Al recorrer el camino inverso, las retroalimentaciones hacen mucho más difícil conseguir un decrecimiento controlado, por lo que un colapso cataclísmico es algo bastante probable, en cuanto termine la meseta catabólica.
Así que seguramente tienes razón cuando dicen que hasta ahora no ha pasado nada. Claro que yo lo comparo con lo que tiene que venir, y en efecto, la diferencia es abrumadora.
Saludos a todos. Y gracias Quark. Puedo preguntar porqué dejaste susbtack?
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